Crónica de tu partida – Un día que parecía como todos

Sobre esta noche oscura, sobre esta soledad, me pregunto ¿Qué paso aquel día? Todo fue rápido, súbito y en sólo 2 minutos y sin previo aviso te arrebataron de mis manos y ni tú ni yo estábamos listos para ello, tú no te enteraste de lo que pasó y yo tengo un rompecabezas del momento.

Como todos los días aquella mañana despertamos, todos somnoliento me volteaste a ver con cara de “no hagas ruido”, “deja dormir”. Te vi recostado entre las almohadas y todo estirado apenas y te esforzabas en dar luces de vida, parecías un muñeco de peluche inerte. Sólo tu suspiro y tu respiración dejaban ver que había vida, vaya contigo. Mientras tomaba la ducha note que te acercabas a la regadera a lamer las gotas de agua que resbalaban por el cristal y llegaban al suelo. Mis movimientos de la mañana ya no te ocupaban, simplemente ibas a una de tus tres camas, esa mañana elegiste la de la recamará, la de “foami” y almohada con una camiseta que te gustaba.

Caminando con Toby por Chapultepec

Caminando con Toby por Chapultepec

Como es mi costumbre, por tomarme más tiempo del que esperabas , tuviste que salir en una urgencia al patio y dejaste el ya acostumbrado charquito de la mañana, que alimenta a las pocas plantas que sin ningún cuida crecen y de quien de vez en vez, ibas y les dabas mordidas y te servías tus ensaladas.

Llego el momento de salir, una salida rápida porque el tiempo se nos había terminado, tendríamos que hacer un recorrido rápido de las calles de la Condesa; nos dirigimos a la estación de bicicletas y aunque ibas remolón y como enojado por haber madrugado nos subimos y corriste conmigo durante 20 minutos; este ejercicio que iniciamos de nuevo hace semana y media te está ayudando, me decía, ya te notaba de nuevo la forma de tu cadera. Dejamos la bicicleta y regresamos apresurados porque tendría que estar en la oficina temprano.

Al entrar de nuevo fuiste corriendo a la cocina, me veías preparar el desayuno y con la paciencia que te caracterizaba esperabas echado junto a la barra, aunque ya hambriento, lo notaba; con astucia pescabas aquellas cosas que se llegaban a caer, más, sabías que las servilletas eran tus favoritas, siempre me preguntaré ¿a qué te sabían? Ansioso recibías el desayuno, una taza y media de comida, pues el veterinario te estaba controlando el peso después de aquella pronta operación que te hice. Como si fuera un pequeño educado, te escuchaba tomar la comida poco a poco, sin prisa y si acaso me movía, primero te asegurabas que seguía por ahí antes de continuar.

Hora de partir, te sentaste en la puerta para despedirme, tome las llaves, abrí la puerta y regresé a hacer una caricia, “adiós pequeño”, te dije, y sonriente, con tu carita en mi mente di inicio a mi oración de la mañana y partir rumbo de la oficina.

Vaya día, lleno de emociones, de llamadas, de reuniones, pero finalmente terminaba. Como siempre me dirigía a casa pensando en por donde caminar esta noche y cuanto tiempo, ya me conocías, siempre había algo de trabajo que hacer, de modo que te echarías mi jornada nocturna de trabajo acompañándome, siempre junto a mi o echado en la cama de la sala.

Al llegar, abrí la puerta, estabas recostado, en tu cojín de la puerta, te paraste y te estiraste como quien ha pasado un buen rato en la misma posición. Briscaste y me seguiste por todos lados, natural a mi llegada. Una llamada interrumpió nuestros saludos y la tomé porque era la última para cerrar el día, mientras la hacía tome tu correa y al verme te pusiste contento, corriste a la puerta a esperarme.

Abrí la puerta y me volteas a ver para pedir permiso para salir, dije – ¡go!  Y vi una bola peluda salir corriendo… las bolsas de basura las olvidaba, las tomé y fui tras de ti y como hacías siempre me esperabas parado en el pasillo, seguimos andando por la ruta a la salida y justo antes de salir a la calle, en las escaleras una vecina y su hija entraban y a ti se te ocurre hacer tu primer deposito enfrente de ellas y en las escaleras, ¿Cómo? De verdad, nunca habías hecho eso, ¿Por qué hoy lo hacías? Me detuve, pedí disculpas y levante rápidamente las heces esperando que no quedara manchado el suelo, ya que sabías que los vecinos se escandalizaban hasta por el sonido de tu pelo al correr.  Te vi salir y orinar en tu arbusto preferido y continuar con tu segundo deposito. Con correa en mano y con la bolsa en la otra, voy recogiendo cada uno de tus acostumbrados montones, ¿Por qué nunca hiciste uno sólo?

A lo lejos y mientras tú hacías lo tuyo, divisé que un perro se acercaba hacia nosotros, después note que corría en dirección tuya y mía, yo agachado, observé que saliste corriendo hacia él.

Me pregunto, que pasó en ese momento por tu cabecita, ya que según me recuerdo, tú nunca atacaste perros, nunca corrías detrás de ellos, más bien eras algo temeroso y tú eras el que corría a esconderse conmigo cuando algo así pasaba. Ese ladrido ahora que lo pienso era como de defensa, como de aviso de no acercarse, que se yo, más me dejaste sorprendido de tu actitud.

El perro en lugar de correr hacia su dueño, que aun parecía lejano, salto hacia la avenida y corrió y de forma sorprendente tú fuiste tras de él, ¿Por qué? Mi mente captó solo flashes de la situación me di cuenta que la avenida, normalmente vacía, en ese momento se acercaban los autos; de unos pasos hacia la calle, pero no pude ir más, todo muy rápido. Cruzaron los dos primeros carriles, al tercero vi que un auto les esquivó. Un sonido duro, espeluznante, como si hubieran chocado dos autos se escuchó, un perro salió corriendo de regreso a la banqueta, el otro quedó sobre el asfalto,  ¿cuál era? – me dije.

Corrí, miré torpemente a los autos que aún pasaban, vi que un camión de trasporte se hizo a un lado para no dañarte más. Llegué a ti, tus ojos casi en blanco me daban su última vista, tomé tu cabecita y sentí como diste el último suspiro; estabas completo, sin medir más, te tomé, te levanté y me dirigí al auto para llevarte al hospital. En el camino al auto escuche que algunas personas se me acercaron, no recuerdo que fue lo que mencionaron, lo único que quería es que te atendieran. Mis pensamientos y oraciones pedían porque siguieras con vida, pero al llegar, la veterinaria  me confirmó que tu muerte había sido prácticamente instantánea.  Nos dejaron solos y no pude, más que tomarte de las patitas y acercar mi cabeza a la tuya, darle masaje a tu cuerpecito y derramar lágrimas sobre ti. Estaba despidiéndome de mi compañerito peludo, del que estuvo a mi lado por 205 semanas, a sólo 3 de llegar a los 4 años.

Dejé sobre la mesa de la sala de resucitación, tu cuerpo, tu alma ya está en el eterno paraíso, con todas las animas, con Dios, a donde las criaturas esperan reencontrarse y sé que ese día te veré corriendo hacia a mí, con tu pelito y tus orejas al vuelo, con tu lengua de fuera y tu carita sonriente y donde con brazos abiertos te recibiré y caeremos juntos en la hierba con tu saliva y aliente en mi rostro, no habrá manera de expresarte toda la falta que me hiciste, ese día amigo, me sentaré a escuchar todas las historias que tengas para mí, pues si aquí, en este mundo, me hiciste inmensamente feliz, estoy seguro que allá le provocarás a Dios más que una sonrisa.

Gracias por vivir y por dejarme acompañarte, por ser paciente conmigo y por quererme a pesar de mi mismo; por confiar en mí hasta el último suspiro y por protegernos y entregar tu vida por aquello que creíste.

Paseo por el bosque de Chapultepec con mi perro

Paseo por el bosque de Chapultepec con compañero de vida, Tobías.

Diviértete y deja que todos los demás te vivan como lo hicimos juntos. Hasta la siguiente vez.

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Acerca de MAM
Lleno de esperanza por este mundo, alegre de vivir, pero cauto al hacerlo. Muchas preguntas y algunas respuestas. Seguidor de las tendencias globales, creyende de un mundo feliz y utópico; convencido de que el amor es el motor y que la fe es un camino.

3 Responses to Crónica de tu partida – Un día que parecía como todos

  1. Jesus Antonio Arias Quiroz says:

    En el rosa-cruz del camino, en esta aventura de la vida, probamos la miel de la flor, andando por los senderos espinosos que nos muestran lo grotesco de la misma, nos lleva a desarrollarnos para evolucionar conforme al corazón de cada persona. tu vivencia con toby te a dejado el dulce sabor del amor, y te a mostrado lo amargo del adiós. Tu corazón es noble y hermosa tu expresión que manifiesta el cariño a tu amigo; por lo tanto, no es mas que un hasta luego, no es mas que un breve adiós, en su momento, en el cielo nos reunirá el Señor. Sinceramente, JAntonio AriasQ

  2. Ger says:

    Mariano, comparto tu dolor, me ha pasado casi lo mismo, y este dolor me parte. Gracias por compartirlo.

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